martes, 8 de diciembre de 2015

El árbol de Navidad



La ilusión en sus ojos era tanta que cuando me ofreció la estrella lo rechacé con un leve movimiento de cabeza.
-Ponla tú.
Dije sonriéndole. Al instante me aparté y le dejé espacio para que la colocara en nuestro árbol. Sabía la ilusión que le hacía, y como el árbol era un regalo para ella, el honor de colocar la estrella debía ser suyo.
Sus ojos brillaban mientras se tomaba su tiempo. Estaba tan emocionada que hasta se la veía nerviosa, y eso agrandó mi sonrisa.
Finalmente, disfrutando del momento, colocó la estrella. Se retiró, y abrazada a mí la contempló, con la magia en su mirada.
-Me encanta nuestro árbol de Navidad.
Me dijo, llena de felicidad. Una felicidad que nos embriagaba a ambos.
-Hoy comienzan nuestras primeras navidades juntos.
Murmuré, y acto seguido besé su frente con dulzura, notando como la chica de mis sueños se derretía entre mis brazos.




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